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Procesando... Procesando...











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La Opinión al Día
Su propia salvación
Publicado el 28/10/2011
Datos del Autor
Nina Árnica Cialzeta
Nina Árnica Cialzeta
Escritora nacida en la ciudad de Goya, Corrientes. Tiene en su haber numerosos poemarios, novelas publicadas como “Tres mujeres se desnudan” con análisis de María Granata, ponencias, ensayos. Participación en Congresos Nacionales e internacionales.

El hombre, con un pensamiento inimaginable, ha pasado por diversos períodos en los que abrazó la posesión de logros pero en los que también tuvo en cuenta que muchas conquistas de soluciones escapaban a sus posibilidades.

Desde el uso del fuego, descubrió el modo de alimentarse así como distintos procesos de conquista; luego luchó contra la explotación para lograr libertad individual; afrontó la época industrial, la necesidad de una formación humanística, la identificación de valores, tiempos de ocio, cordura, enfrentamientos, guerras, peligros de la naturaleza, y de los efectos de su propia creación. Éste proceso lo llevó al encuentro del mundo y de él mismo.

En este largo sendero de crecimiento, aperturas y expectativas nuevas y anheladas entregó sueños y visiones, se liberó de pensamientos religiosos ancestrales; la ciencia le abrió puertas al entendimiento, dentro de la razón y el libre albedrío.

Dios estuvo y estará en él hasta el final de los tiempos, limpio de atavíos, generoso, humilde, profundo como cuando llegó y entregó su mensaje allá en la montaña. Mensaje único y valedero para todos los hombres de bien; lo que sigue luego es visión y aceptación de cada uno. Las formas no cuentan, lo válido es la acción de la palabra verdadera.

“EL” creyó en su creación, los tiempos nos demuestran que las aristas transformaron ese hecho. El hombre, construyó un mundo más complejo, donde lo material ahogó lo espiritual. El desarrollo nubló su vista, cegó su corazón, y el peligro comenzó a acecharlo en tono vacilante.

Hoy por hoy hay necesidad de cordura, de moldear exigencias que tiendan a humanizar sus actos ante sus requerimiento legítimos para un buen pasar y para no entrar a la entrega ciega de sus propios valores morales. Sí, la libertad es un bien indelegable y debe situar al hombre en un lugar de sujeto triunfador.

Los tiempos proporcionan bienes necesarios para el cuerpo y sosiego al alma; eso es un gran bien conquistado del cual debe saber mesurar. La voracidad debe ser regulada para separar la diversión del precio de entregarse al desvarío, pues el capital vale cuando se alcanza y disfruta de un recíproco esfuerzo entre el cuerpo y el alma. Proceso sano con promesa de beneficios personales que no resiste la especulación y en el cual reina la conformidad, la paciencia y la generosidad.

Nuestra sociedad necesita hombres que logren una cooperación mutua en grupos independiente libres de los poderes de turno, pues deben tener principios y moral, no obsecuencia como se observa hoy. De ellos surgirán líderes comprometidos con sus núcleos y con el país todo, y saldrán nuevos referentes políticos que conozcan cómo mover los hilos de crecimiento y apoyo. Libres y no ahogados por códigos que anulan, hay que reverenciar las propias fuerzas, las que el hombre libre posee y las que el corazón indica.

El hombre es un ser social por lo tanto necesita de su alrededor, su familia, amigos, vecinos y otros para trabajar juntos en ideal de igualdades y crear un mundo propio, próximo, sereno, previsible, y de comunicación entre sus miembros y la sociedad. Así, la recompensa obtenida será producto de la sencillez del trabajo, de sus inversiones claras e intereses concretos.

Las relaciones humanas crecen con vigor cuando, en el trabajo y en la vida misma, se comparte, se analiza y se acepta ser estimulado por el entorno. De este modo, el hombre se transforma en un ser sereno, blando de corazón y amor. Por el contrario, el hombre soberbio no ama. El primero, por su parte, permite abrigar un ser no de soledad sino de aceptación de la vida, alejado de tumultos mezquinos o de la soledad insoportable, del rito de un hombre enajenado que va sólo en conquista de bienes.

El futuro debe unirnos en la familia y los pueblos mientras que nuestros deseos deben ir más allá de estos tiempos diferentes. La inteligencia y la razón nos deben indicar que un paso en falso nos llevará a perder el sentido de “ser” nosotros mismo e inconscientemente volveremos a la enajenación carente de objetivos claros.

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