Mi limitado saber y entender me dice que uno puede pecar por acción o por omisión. En este caso me referiré a los ciudadanos que “ven” pasar las cosas sin comprometerse mayormente. Creo que con la sobrada disponibilidad de medios de comunicación social que tenemos y la profusa difusión que les dan a los hechos importantes o graves, ningún ciudadano puede ignorar las grandes dificultades que atraviesa el país.
Uno de los grandes defectos que tenemos los argentinos es “dejar” que los problemas los resuelven “otros”, quedando a la expectativa sobre los resultados. Una especie de resignación o sometimiento pusilánime y denigrante.
Es cierto que tenemos un Poder Ejecutivo, un Poder Judicial y un Poder Legislativo, además de partidos políticos y representaciones gremiales y sectoriales, para que se ocupen de las cuestiones oficiales que hacen a la administración del Estado en general, pero eso no significa que la sociedad se desentienda de hacer el seguimiento respecto al cumplimiento del mandato popular y de los deberes de los funcionarios públicos: El pueblo es el soberano y estos últimos son sus representantes.
Estamos mal acostumbrados a jugar nuestro destino a una sola carta: Al poder de turno. Una concentración excesiva y maligna del poder central. Si reconocemos que constitucionalmente nuestro sistema de gobierno es republicano y federal y queremos vivir en democracia, mucho es lo que tenemos que corregir.
Por otra parte, estamos desperdiciando nuestro tremendo potencial intelectual, tecnológico, cultural, etc. Que deberíamos ponerlo en funciones para resolver los grandes problemas sociales, económicos, estructurales, educacionales, etc., con profundidad y objetividad. Corriendo detrás de los hechos consumados e improvisando las medidas, nunca podremos superar la situación de crisis.


Procesando... 


























