El puente Interprovincial sobre el río Paraná entre el Sur Correntino y el Norte de Santa Fe es un proyecto largamente anhelado en ambas orillas y a fines del siglo pasado el famoso arquitecto italiano Francisco Pinarolli (afincado en Goya) ya le había dado una seria planificación a la idea; basada incluso en la unión interoceánica trasversal entre puntos de esta latitud meridional. Con ese necesario cruce a la altura de estos paralelos, del curso de agua más ancho y caudaloso de la región. La intención tuvo momentos de muy fuerte y entusiasta apoyo de la sociedad civil de ambas orillas cercanas a la cabecera del puente centralizado en las dos ciudades mas pobladas de esas márgenes, Goya y Reconquista.
En la década del ‘60 hubo una Comisión Mixta muy activa que configuró ya algún logro y elaboró posibles trazos de una comunicación inter ribereña, la cual a su vez se insertaría, con un plan actualizado y más claramente definido, dentro de la aludida ruta de los dos mares, es decir del Atlántico al Pacífico o viceversa.
En resumen, un proyecto pensado en grande, uniendo el afán localista de comunicación y progreso con una obra de importancia continental e internacional, a cuya concreción no serían impedimento ni el Paraná ni los Andes.
Otro gran empuje en los ‘90 de una nueva generación de visionarios locales; la gran concientización que se logró en el 2000 ya en los albores del siglo XXI y una posibilidad como corolario, tenemos hoy cada vez más concreta y cercana con una traza también definida con muy específicos detalles de costos y construcciones a realizar.
Ahora bien sin que ello sea un obstáculo real en el caso a esta altura de la historia del mundo, ninguna gran obra de la ingeniería humana puede considerarse razonablemente útil, sin una debida influencia de su impacto ambiental.
Es que con cierta desaprensión e inconsciencia en cuanto a sus efectos, muchos grandes emprendimientos, aún llevados a cabo con los más loables fines, han provocado daños a veces irreparables a la naturaleza.
Ello unido al marcado crecimiento de la población del planeta (de progresión casi geométrica) y de la formación de enormes concentraciones urbanas y suburbanas, ha provocado indudables pérdidas y desequilibrios a la biología, a los recursos no renovables y a la calidad de vida saludable.
A esta altura de mis reflexiones habrá de llamar la atención a quien esto llegare a leer de los que algunos podrán pensar como objeción aún mínima a este ambicioso pero necesario emprendimiento. Pero adelanto, desde ya que la conclusión a que llegaré a través de esta evaluación por cierto opinable, será concluyente en cuanto a la factibilidad y sustentabilidad del viaducto y sus construcciones complementarias.
No es, por cierto, lo que se proyecta una represa que corte la corriente propia del gran río, convirtiéndole en un panorama lacustre donde la naturaleza sabia no ha tenido a bien crear tales espejos. O inunde sus costas o sus islas o produzca destrucción en el ecosistema desde lo zoológico, lo botánico o en el medio físico. Es probable que como toda obra de gran envergadura alguna modificación causará en el bioma; pero la sustentabilidad ecológica tenida como medida razonable, estaría en la posibilidad de equilibrar de manera adecuada mediante restauraciones, paliativa o compensaciones el cambio ambiental que habrá de producir. El cual de seguro no alterará el paisaje como tampoco lo ha hecho en Zárate-Brazo Largo, en Rosario-Victoria o en Corrientes-Chaco. Al contrario, la obra terminada resaltará lo agreste que habrá de mantenerse y le brindará una extraordinaria platea. Cabe suponer que habrán de hacerse terraplenes, sobre todo en la ribera occidental; a esta altura rica en brazos o riachos, gajos, afluentes y las peculiares lagunas de esa geografía portentosa. Podrá haber, acaso, algún anegamiento o cambio de curso.
Entiendo, sin embargo, que cualquier posible modificación, que entendemos será en el caso mínima, podrá compensarse con creces; mediante una fuerte acción conservacionista; la cual, de todos modos, será válida y marcadamente útil.
La cual se proyectaría, en el orden de ideas que acá expreso, sobre la fauna y flora incluyendo tareas reproductivas de las especies nativas o autóctonas en criaderos o viveros, con la alta posibilidad de constituir esta actividad en fuente genuina de trabajo, sustento económico y producción regional. Esto a su vez se relacionaría con la preservación del modo de vida de los auténticos pobladores del lugar, evitando así su desarraigo o el abandono de las tareas acostumbradas que constituyen su actividad laboral; mejorando de verdad y con todo respeto a su idiosincrasia y costumbres, prestaciones vitales que hacen a su abastecimiento, transporte, comunicación y otros medios básicos para una legítima inclusión dentro de la sociedad civil.


Procesando... 


























